Un espacio apto para todo juego, para todo invento, para todo encuentro.

Contacto

Bv. Gálvez y Pedro Vittori
0342-4574745

Horarios

Miércoles a viernes: de 9 a 16 h.
Sábados, domingos y feriados: de 15 a 20 h.

El viejo molino harinero

Uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Santa Fe, recuperado y pensado como espacio público de encuentro ciudadano.

Los orígenes del molino harinero donde hoy se levanta El Molino, Fábrica Cultural nos llevan a finales del siglo XIX, a 1895 más específicamente. Para esa época hacía pocos años que se había delineado el bulevar Gálvez y la ciudad aún no se había expandido hacia el norte, que todavía estaba ocupado por amplias parcelas rurales herederas de las antiguas chacras coloniales. La recesión económica y el aumento del costo de los créditos, llevaron a su cierre a principios de la década de los años 90 del siglo XX.
Casi 20 años después, el Gobierno de la Provincia decidió recuperar este edificio emblemático, cuya historia remite tanto a las generaciones de empresarios y propietarios que lo fundaron y desarrollaron, como a la gran cantidad de personas que a lo largo de décadas trabajaron en él.
Hoy, El Molino, Fábrica Cultural se eleva en una obra arquitectónica que se nutre de esas viejas historias y se presenta convertido en un edificio racionalista, íntegramente nuevo, con las bóvedas cáscaras de Williams, con el noble hormigón, con las transparencias, con las luces y las sombras. Un espacio público de encuentro ciudadano, donde el contacto con la materialidad es complejo y profundo.
Esta propuesta conjuga creación y producción, los tiempos de ayer y mañana, sobre la base de comprender la construcción como poesía y el trabajo como un proyecto colectivo. De esta manera, la fábrica cultural busca la articulación de programas de construcción intergeneracional, vivencial y lúdico para todas las edades; y abierto al público en general.
Con una distribución de lugares planteada por la división de soportes materiales, se desarrolló una idea de proceso, creación común con otros, para contribuir al fomento de los vínculos afectivos y sociales y para articular la cultura y el trabajo para las nuevas generaciones.
Un homenaje al mundo del trabajo, punto de cruce ciudadano a través de la construcción de bienes culturales.

Hoy, El Molino, Fábrica Cultural se eleva en una obra arquitectónica que se nutre de esas viejas historias y se presenta convertido en un edificio racionalista, íntegramente nuevo, con las bóvedas cáscaras de Williams, con el noble hormigón, con las transparencias, con las luces y las sombras. Un espacio público de encuentro ciudadano, donde el contacto con la materialidad es complejo y profundo.

Las bóvedas cáscara

La bóveda cáscara es una estructura de techo alto desarrollada por Williams en la década del ‘40. Consiste en una superficie cuadrada de cuyos extremos nacen cuatro bajos con curvatura hacia el centro, con lo cual la cubierta adquiere una forma similar a la de un paraguas invertido.
Este techo está sostenido nada más que por una columna, que al ser hueca en su interior permite desagotar el agua de las lluvias.
La superficie de la bóveda tiene 9 metros de cada lado, está sostenida por una columna de 14 metros de altura, soterrada en el suelo unos 13,5 metros, profundidad necesa
ria para que puedan sostener adecuadamente la pieza central y evitar desbalanceos.Las 13 bóvedas cáscara fueron construidas en la Calle Pública de El Molino con la función con la que Williams las había ideado, la de “cambiar el clima”. Esta calle interior, de 25 metros de ancho, y que abarca una superficie de 1200m2, se convierte en un paseo abierto y participativo, donde las bóvedas cubren sin encerrar, generando un cambio de clima, en sentido real y simbólico.

Un ámbito de producción y acceso a bienes culturales, al encuentro de diversas disciplinas y a la democratización del diseño.

13

bóvedas cáscaras

3

pisos de juegos

53

visitantes en 2018

35

residentes culturales

13

estudiantes que nos visitaron

Recuperación y próximas etapas

La obra de recuperación y refuncionalización comenzó en marzo de 2009 y fue llevada a cabo por la Unidad de Proyectos Especiales del Ministerio de Obras Públicas y Vivienda, en las personas de los arquitectos Luis Lleonart, Silvana Codina y Francisco Quijano; mientras que la planificación conceptual del espacio estuvo a cargo del equipo del Ministerio de Innovación y Cultura.
La primera etapa de la obra, que comprendió la recuperación del edificio que se erige sobre el margen este del complejo y sus espacios abiertos, entre ellos la calle pública con las Bóvedas Cáscara, se inauguró el 19 de diciembre de 2010.
Sobre el margen oeste, se encuentra un espacio que prontamente será recuperado y refuncionalizado. Se trata de un nuevo proyecto, que seguirá el lineamiento del espacio que funciona desde 2010, pero que incorporará características propias.
Este sector estará dedicado a fomentar los emprendimientos de base cultural y creativa a través de acciones que promuevan el desarrollo de la producción escénica, audiovisual, web, multisoporte, editorial, discográfica y de diseño.
Por otro lado, también se prevé la apertura de una tienda, donde los ciudadanos podrán acceder a bienes culturales desarrollados por los productores locales, tanto en El Molino como en otros espacios y programas desarrollados por el gobierno de la provincia.

Una fábrica cultural que busca el contacto con las materialidades más nobles y la articulación de programas de construcción intergeneracional, vivencial y lúdico para todas las edades, como una forma de contribuir al fomento de los vínculos afectivos y sociales.